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General

El cambio climático es un fenómeno global que se refiere a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos de la Tierra. Estos cambios pueden ser naturales, debido a variaciones en la actividad solar, erupciones volcánicas o a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.  Estos gases, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), atrapan el calor del sol y causan un incremento en la temperatura superficial de la Tierra. Este aumento de la temperatura tiene numerosas implicaciones para la economía global y las condiciones de vida de las personas. Asimismo, las actividades humanas han sido el principal motivo del cambio climático desde el siglo XIX debido, entre otros, a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas.

En términos económicos, el cambio climático tiene una incidencia significativa. Uno de los principales efectos es el aumento de los costos asociados con eventos climáticos extremos, como huracanes, inundaciones, sequías y olas de calor. Estos eventos pueden dañar infraestructuras, propiedades y cultivos, lo que conlleva costos de reparación y pérdida de producción. Según estimaciones, los daños económicos causados por desastres naturales relacionados con el clima pueden alcanzar cientos de miles de millones de euros al año.

El aumento de las temperaturas, así como el número de eventos extremos, afecta directamente a la agricultura. Esto puede provocar una disminución de la productividad de los cultivos, reduciendo la producción de alimentos y aumentando los precios. Se estima que cada grado Celsius de aumento en la temperatura global puede llevar a una disminución entre el 5% y el 15% en la producción de cultivos principales, lo que tiene un impacto directo en la seguridad alimentaria y los costos de los alimentos.

Además, el cambio climático afecta a otras variables climáticas sin ser la temperatura, como el aumento del nivel del mar, el cual puede tener un impacto significativo en las zonas costeras, aumentando la vulnerabilidad a inundaciones y erosionando el valor de las propiedades. Se estima que para 2100, el nivel del mar podría aumentar entre 0.26 y 0.77 metros, lo que representaría un costo significativo en términos de adaptación de infraestructuras y protección costera.

La incidencia económica del cambio climático también se refleja en la energía. Las olas de calor y la mayor demanda de energía para la refrigeración pueden aumentar los costos de electricidad y afectar la producción industrial. Además, la transición hacia fuentes de energía más limpias y sostenibles, como la energía solar y eólica, implica costos iniciales significativos, pero también beneficios a largo plazo en términos de reducción de emisiones y seguridad energética.

La pérdida de biodiversidad es otra variable crítica que afecta a la economía. La degradación de los ecosistemas naturales puede reducir la disponibilidad de recursos naturales, aumentando los costos de producción en sectores como la agricultura, la pesca y la silvicultura. Además, la pérdida de biodiversidad puede tener efectos negativos en la investigación científica y el desarrollo de productos farmacéuticos y biotecnológicos.

El cambio climático también afecta a la salud humana, lo que tiene repercusiones económicas. Las enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue y la malaria, pueden expandirse a nuevas áreas geográficas debido al cambio climático, lo que aumenta los costos de atención médica y reduce la productividad laboral.

En cuanto a la infraestructura, el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos pueden dañar carreteras, puentes y edificios, lo que genera costos significativos de reparación y mantenimiento. La adaptación a estas condiciones cambiantes también implica inversiones considerables en infraestructuras más resistentes al clima.

Por todo ello, es fundamental que las administraciones públicas conozcan los escenarios climáticos a los que nos vamos a enfrentar en los próximos años para planificar adecuadamente las acciones de adaptación y mitigación en las distintas localizaciones y siempre partiendo del conocimiento científico y del trabajo coordinado.

Especificaciones de la vid

Se estima que existen alrededor de 10,000 variedades de uva en todo el mundo, todas pertenecientes a la especie Vitis vinifera. Sin embargo, solo una pequeña fracción de estas se cultiva comercialmente para la producción de vino o para el consumo como uva de mesa.

En cuanto a las variedades de uva que se cultivan en Canarias, la viticultura de las islas se caracteriza por la presencia de variedades únicas y adaptadas a las condiciones volcánicas y climáticas particulares del archipiélago. Las variedades de uva blanca son: Albillo criollo, Baboso Blanco, Bastardo blanco, Bermejuela, Breval, Burrablanca, Forastera Blanca, Gual, Listán blanco, Malvasía (aromática, volcánica, dulce y seca), Moscatel de Alejandría, Pedro Ximénez, Sabro, Viduerno, Vijariego Blanco, Verdello y Torrontés.

Y de uva tinta: Baboso negro, Bastardo negro, Cabernet Sauvignon, Castellana negra, Listán Prieto, Listán negro, Malvasía rosada, Merlot; Moscatel negro, Negramoll (Mulata), Pinot Noir, Ruby Cabernet, Syrah, Tempranillo, Tintilla y Vijariego negro.

La diversidad de uvas y las condiciones únicas de las Islas Canarias dan como resultado vinos con una identidad muy particular.

A pesar de que el cultivo de la vid es un cultivo de secano, el cambio climático está teniendo un impacto significativo en el cultivo de la vid en las Islas Canarias, lo que se traduce en un aumento de los costos asociados a la producción. En primer lugar, el aumento de las temperaturas ha llevado a una mayor evaporación de la humedad del suelo, lo que significa que los viñedos requieren un riego más constante y extenso para mantener la salud de las plantas. Esto implica un gasto adicional en agua y sistemas de riego más sofisticados.

Además, el cambio climático ha incrementado la incidencia de plagas y enfermedades en los viñedos debido a las condiciones más cálidas y húmedas. Esto ha aumentado la necesidad de utilizar pesticidas y fungicidas, lo que conlleva costos adicionales para los viticultores en términos de productos químicos y mano de obra para su aplicación.

Las lluvias irregulares y los eventos climáticos extremos, como tormentas y sequías, también han afectado negativamente a la producción de uva. Los viñedos canarios, que históricamente se han beneficiado de un clima estable, ahora enfrentan un riesgo mayor de pérdidas de cosechas debido a estas condiciones impredecibles. Esto se traduce en pérdidas económicas directas para los productores.

Adicionalmente, el cambio climático ha alterado los patrones de maduración de la uva, anticipándose la vendimia, lo que a menudo resulta en una menor calidad del producto final. Los viticultores deben invertir en técnicas de manejo y cuidado adicionales para garantizar una cosecha de calidad, lo que implica costos adicionales en términos de recursos y mano de obra.

La variabilidad climática también ha afectado la producción de vino en términos de volumen. Las oscilaciones en las condiciones climáticas pueden dar lugar a cosechas más pequeñas y, por lo tanto, a una menor cantidad de vino producido. Esto, a su vez, reduce los ingresos de los viticultores y aumenta los costos unitarios de producción.

Otro aspecto importante es el aumento de las temperaturas, que pueden afectar negativamente a la calidad del vino producido en las Islas Canarias. Las temperaturas más altas pueden resultar en uvas con niveles de azúcar más altos y menos acidez, lo que afecta a la calidad y el sabor del vino. Para contrarrestar esto, los viticultores pueden necesitar realizar inversiones en tecnología de vinificación y control de temperatura, lo que agrega gastos adicionales.

Además, el cambio climático también ha impactado en la distribución de los viñedos. Las zonas tradicionales de cultivo de la vid pueden volverse menos adecuadas debido a las condiciones climáticas cambiantes, lo que requiere la inversión en la adquisición de nuevas tierras y la adaptación de la infraestructura, lo que implica costos significativos.

El aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de tormentas costeras representan un riesgo adicional para los viñedos costeros en las Islas Canarias. La erosión del suelo y la salinidad del agua subterránea pueden dañar los viñedos y requerir medidas de mitigación costosas.

De acuerdo con lo anterior, el cambio climático está afectando al cultivo de la vid en las Islas Canarias de diversas maneras, aumentando los costos asociados a la producción. Estos costos incluyen gastos adicionales en riego, productos químicos para combatir plagas y enfermedades, técnicas de manejo específicas, tecnología de vinificación y adaptación a nuevas zonas de cultivo. Además, los riesgos asociados al cambio climático, como las pérdidas de cosechas debido a eventos climáticos extremos y la erosión costera, también contribuyen a los costos económicos generales de la industria vitivinícola en la región.

La cuantificación precisa de los costos asociados al cultivo de la vid debido al cambio climático puede variar según la ubicación específica, las prácticas agrícolas y la magnitud del cambio climático en una región en particular.

Podría establecerse una relación cuantitativa aproximada y generalizada de cómo el cambio climático puede aumentar los costos en la producción de vid:

  • Mayor necesidad de riego. Los costos de riego pueden aumentar significativamente debido al cambio climático. Por ejemplo, en algunas regiones, el incremento en el uso de agua puede representar un aumento de hasta un 20% en los costos de producción.

  • Mayor uso de pesticidas y fungicidas. El incremento en la incidencia de plagas y enfermedades puede llevar a un aumento del 10% al 15% en los costos asociados a la compra de productos químicos y su aplicación.

  • Mano de obra adicional. Dependiendo de la magnitud de la atención adicional requerida para combatir los efectos del cambio climático, los costos laborales pueden aumentar en un 5% al 10%.

  • Técnicas de manejo avanzadas. La implementación de técnicas de manejo más sofisticadas puede suponer un aumento de entre el 5% y el 10% en los costos operativos.

  • Tecnología de vinificación y control de temperatura. La inversión en tecnología y sistemas de control de temperatura puede incrementar los costos de producción en un 5% al 10%.

  • Nuevas inversiones en infraestructura. La adaptación a las condiciones climáticas cambiantes puede resultar en costos de inversión adicionales que varían ampliamente, pero que pueden llegar a ser del 10% al 20% de los costos totales.

  • Pérdidas de cosechas. Las pérdidas de cosechas debido al cambio climático pueden resultar en una disminución de los ingresos y un aumento en los costos por unidad producida que puede superar el 20%.

  • Erosión y salinidad del suelo. Los costos para mitigar la erosión y la salinidad del suelo pueden variar, pero en algunas regiones costeras pueden representar un aumento de hasta el 10% en los costos.

  • Encarecimiento del seguro agrícola. El costo de los seguros agrícolas puede aumentar en un 5% al 15% debido a la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos.

  • Investigación y desarrollo. La inversión en investigación y desarrollo para encontrar soluciones adaptativas al cambio climático puede representar un costo adicional del 5% al 10% de los gastos operativos

Es importante tener en cuenta que estos valores son estimaciones generales y los costos reales pueden variar considerablemente según la región y las circunstancias específicas de cada viñedo. Además, los costos pueden aumentar de manera acumulativa a medida que múltiples factores del cambio climático interactúan entre sí. En general, el cambio climático representa un desafío económico significativo para la industria vitivinícola, ya que implica un aumento en los costos de producción que puede afectar la rentabilidad de los productores y el precio de los vinos para los consumidores.

Lamentablemente, no puede proporcionarse una relación cuantificada precisa de los incrementos de costos asociados al cultivo de la vid debido al cambio climático y citar fuentes específicas, ya que esta información varía según la ubicación geográfica, las condiciones locales y las investigaciones en curso. La cuantificación de estos costos puede ser altamente específica y depender de numerosos factores variables.

Para obtener estimaciones precisas y actualizadas sobre cómo el cambio climático afecta los costos en la industria vitivinícola, se recomienda consultar fuentes académicas, informes gubernamentales y estudios realizados por organizaciones relacionadas con la agricultura y el medio ambiente. Además de lo anterior, es importante consultar fuentes locales y estudios específicos de la región para obtener datos más precisos y actualizados.

Proyecciones climáticas

Las proyecciones climáticas son simulaciones del clima de la Tierra, normalmente, hasta finales del siglo XXI. Se basan en diferentes escenarios (RCPs) que tienen en cuenta las concentraciones de gases de efecto invernadero, aerosoles y otros componentes atmosféricos que afectan al equilibrio radiactivo del planeta, es decir, los RCPs (Representative Concentration Pathways) representan trayectorias hipotéticas de concentración de gases de efecto invernadero y forzamiento radiativo expresado en W/m² para el año 2100. A continuación, se describen los tres escenarios más utilizados:

  • RCP2.6: es el escenario más optimista. Supone una rápida reducción de las emisiones, con políticas climáticas ambiciosas y tecnologías de captura de carbono. El forzamiento radiativo se estabiliza en 2,6 W/m², y el aumento de temperatura global se mantiene por debajo de los 2 °C respecto a niveles preindustriales.
  • RCP4.5: es un escenario intermedio. Las emisiones aumentan hasta mediados de siglo y luego disminuyen gracias a la implementación progresiva de políticas de mitigación. El forzamiento radiativo se estabiliza en 4,5 W/m². Se asocia con un aumento moderado de temperaturas y ciertos impactos climáticos.
  • RCP8.5: es el escenario más desfavorable. Asume un crecimiento continuo de las emisiones sin políticas de mitigación efectivas. El forzamiento radiativo alcanza 8,5 W/m², con un aumento global de temperaturas que podría superar los 4 °C para finales de siglo, con consecuencias climáticas graves.

 

Las proyecciones se obtienen ejecutando modelos numéricos que describen las interacciones entre los componentes del clima de la Tierra pudiendo abarcar todo el mundo o sólo una región específica. Estos modelos se denomina Modelos Climáticos Globales (GCM), también conocidos como Modelos de Circulación general, o Modelos Climáticos Regionales (RCM), respectivamente.

El Proyecto de intercomparación de modelos acoplados (CMIP, de sus siglas en inglés Coupled Model Intercomparison Project) fue creado en 1995 para el estudio de los modelos de circulación general acoplados océano-atmósfera. La mayoría de las proyecciones climáticas realizadas por centros de modelización de todo el mundo, utilizando GCM, han formado parte de este proyecto. Desde el comienzo de este proyecto, se han llevado a cabo diversas fases del proyecto para mejorar los sucesivos modelos de clima, siendo la fase CMIP6 la más reciente.

Temperatura media global entre 1850 y 2100 obtenida por modelos CMIP6. El área sombreada en gris muestra el rango de simulaciones históricas y las áreas coloreadas muestran posibles cambios futuros de temperatura basados ​​en diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero (el rojo es pesimista (SSP5-8.5), el azul es realista (SSP2-4.5) y el verde es optimista (SSP12.6)). Figura obtenida del Servicio de Cambio Climático Copernicus, ECMWF.

En el caso de Canarias, el Grupo de Observación de la Tierra y la Atmósfera (GOTA), de la Universidad de La Laguna (ULL) utiliza el modelo mesoescalar Weather Research and Forcasting (WRF) para predecir variables climáticas con una resolución de 3×3 kilómetros para los escenarios RCP8.5 y RCP4.5. 

Estas proyecciones determinan que las temperaturas mínimas diarias podrían aumentar, en promedio, entre 1 y 3 °C a finales de siglo para el escenario más desfavorable. En este caso, se prevé un incremento del número de noches tropicales, es decir, las noches que la temperatura mínima no baja de los 20 °C, lo que implica que el número de noches tropicales será de 45 días de promedio para todo el archipiélago, situándose los mayores valores en las islas orientales y en las zonas costeras. 

Las temperaturas máximas podrían incrementarse hasta unos 4,5 °C en zonas altas de las islas a finales de siglo, en el escenario más desfavorable. Lo que implica que los valores de los episodios cálidos se vean modificados. De manera que, el némero de episodios disminuye, pero la duración de estos fenómenos será mayor. 

En el caso de las precipitaciones, se presentan importantes diferencias regionales, siendo más acentuadas con la altura. En general, las proyecciones apuntan a una disminución global de las precipitaciones anuales, pudiendo reducirse, en el peor de los casos, hasta un 30% aproximadamente a finales de siglo en gran parte del territorio canario. Asimismo, las simulaciones indican que el número de días de precipitación disminuirá, lo que contribuye al aumento del riesgo por sequía. 

Asimismo, las variaciones de temperaturas y precipitaciones tendrán su efecto en la humedad del suelo, la humedad relativa del aire, la evapotranspiración, la aridez del terreno, la temporada de incendios forestales, etc. 

Estas proyecciones climáticas se encuentran disponibles en el portal web de Datos Abiertos del Gobierno de Canarias.